Ella salió del baño, con el cabello todavía húmedo, unas gotas resbalando por su hombro y cayendo sobre su pecho lleno, envuelto suavemente en una delgada toalla blanca. Su mirada se desvió hacia él, tímida y a la vez provocadora. Su piel blanca y suave, sin una mancha, brillaba bajo la luz amarilla, haciendo que él se sintiera atraído.
"¿Qué miras con tanto desinterés?" - preguntó suavemente, acercándose, mientras sus manos tiraban suavemente de la de él para tocar su cintura. En ese momento, su cuerpo se encendió. Sus dedos recorrían la piel suave y tersa, cada zona sensible hacía que ella temblara en sus brazos. Ella no dijo nada más, solo respiró suavemente, sus labios se entreabrieron y sus brazos se apretaron fuertemente alrededor de su cuello.