La paciente entró con un vestido ajustado, su piel blanca y suave asomando detrás de la delgada tela, lo que le dificultaba concentrarse en el expediente frente a él. Cada paso que ella daba hacia él era como una provocación, su aliento suave pero cargado de algo que lo excitaba, sus ojos húmedos lo miraban con ternura.
El aire en la consulta parecía volverse denso cuando sus miradas se encontraron. Ella se sentó suavemente, la parte inferior de su vestido se levantó, revelando sus largas y esbeltas piernas, lo que lo desarmaba. Su mano rozó suavemente su cintura para examinarla, pero el calor y el latido acelerado de ambos hicieron que el ambiente se volviera sofocante por el deseo.
Ella se inclinó hacia él, su aliento cálido acariciando su cuello, sus suaves brazos lo atrajeron hacia ella. Nadie decía nada, sólo se oía un susurro de gemidos, el roce de la ropa y las caricias ardientes. La pequeña oficina de repente se convirtió en un lugar de éxtasis emocional, donde él y ella se entrelazaban en una vorágine de pasión que no podían detener.