La chica salió del baño, con la piel aún empapada, y cada tatuaje prominente en su cuerpo lo hacía tragar porque estaba demasiado emocionado. Sus ojos eran fríos pero estaban ocultos en un fuego ardiente, cada paso se movía suavemente como una canción que provocaba su cuerpo cada vez.
Sin esperar, se sentó sobre él activamente, con el cabello mojado cayendo sobre sus hombros, y besándolo en los labios como si lo hubiera reprimido durante demasiado tiempo. Su cuerpo era suave, pero cada movimiento era fuerte y decisivo, como si quisiera llevarlo a un juego interminable.
Ella cambiaba su postura constantemente, le gustaba la sensación de ser dominada y dominada, cada vez que cambiaba su ángulo, él escuchaba un gemido ahogado lleno de fascinación. Los dos respiraron con dificultad, el sudor goteaba sobre su suave piel, mezclándose en un frenesí sin salida.
Para ella, el amor debe ser sincero, audaz, ardiente e ilimitado. Y esta noche, probó ese regusto por completo y se desmoronó.